Inseguridad. Esa palabra que se me queda tan corta. Ese gran adjetivo que podría describir casi cualquier época de mi vida. De casi 22 años acumulados hasta ahora, 21 capítulos y uno por terminar, podría ser el título de al menos 14.
Me considero una superviviente. El resto de humanos suele decir que soy valiente, por enfrentarme a todo lo que me he enfrentado y seguir viva. Y eso es algo que nunca he entendido. ¿Soy valiente por pasar por todo eso y no morir en el intento?
Mi cabeza hace que cada situación en mi vida sea difícil. Que cada paso sea un reto. Sí, he sobrevivido (a duras penas y por poco) a cada reto hasta ahora. Pero no creo que eso me haga valiente. Puede que fuerte sí, a pesar de considerarme una persona bastante débil.
Dicen que la valentía es el hecho de haber pasado todo lo pasado, tal y como lo he hecho, y siendo como soy. También dicen que soy fuerte por ello. Y por una parte creo que tienen ellxs más razón que yo misma; pues mi manera de ver las cosas (mis cosas) siempre es pésima.
Tiendo a terminar en depresión cada vez que algo se me hace demasiado grande. Tiendo a llevar mi mente hacia una pendiente que acaba en catástrofe. En catastróficas desdichas. Mi carácter me hace aspirar muy alto, y dejarlo a medias pues no me veo capaz de ello.
Tal vez este no sea mi lugar. Tal vez cualquier cosa aquí me haga sentir incompleta e insatisfecha, tal vez lo único que me mantenga cuerda es lo único universal en mi mundo: la amistad. Pues es lo único a lo que puedo aferrarme, ni siquiera a mi familia pues sería desleal enfrentarme a la realidad frente a ellxs. Puesto que son lxs únicxs que no ven mis inseguridades y enfermedades como tal, sino como pura irresponsabilidad.
Tal vez sea solo cuestión de tiempo encontrar algo en lo que me sienta segura y a gusto. Tal vez solo sea cobarde, pero, ¿cómo voy a enfrentarme al mundo y adaptarme si todo lo nuevo me provoca ansiedad?
La ansiedad, esa variante (al menos ante mis ojos) de la depresión. Te ata con cuerdas y te amordaza. Te coloca una soga en el cuello y deja en tus manos la elección más dura. Pone ante ti el coraje y te pregunta si lo tomas o lo dejas. Tal vez sí sea valiente el hecho de escoger el coraje, y si así fuera, yo lo he escogido varias veces. Por lo tanto, eso me convertiría en valiente. Pero la valentía es subjetiva.
Tal vez la depresión y el llanto sean mi zona de confort. Aprendí a ser feliz hace un año, cuando superé con creces la que fue mi peor época y aprendí de ella. Crecí por ella. Por esa tormenta. Pero aquí estoy de nuevo, bajo la lluvia y sin paraguas. Otra vez refugiándome bajo un árbol en medio de la tempestad. Paralizada. Puede que sea valiente sólo por haber elegido seguir viviendo innumerables veces, pero ¿me hace fuerte eso? “Lo que no te mata te hace más fuerte”, dicen. Siempre he pensado que lo que no me ha llevado a la muerte voluntaria me ha hecho un poco más débil. Pues no lo supero, simplemente sigo llorando y bajando anímicamente. Sin poder enfrentarme a los nuevos retos y superando nuevos capítulos de mi vida.
He recurrido a especialistas más de una, y dos veces. Algunxs me han ayudado, otrxs simplemente me han hecho perfeccionar mi don para esconder mi verdadero estado de ánimo.
¿Debería tomarme todo esto como una depresión real? Quiero decir, hay varios casos de depresión crónica en mi familia. Siempre me he aferrado al hecho de que ser feliz solo era cuestión de práctica y tiempo. Pero me doy cuenta de que solo es un boomerang que va y viene. En cuanto lo esquivo, vuelve. Me persigue. Me atormenta. ¿Es eso la depresión? Lxs humanxs tienden a decirme que solo es una mala época. Llevan diciéndome lo mismo desde hace unos 8 capítulos de mi vida. Eso son demasiados años para una época. O simplemente niegan la realidad, o quieren hacerme creer que solo es cosa mía, producto de mi imaginación. Eso hace que no pueda tomarme su ayuda como una opción.
Si realmente está todo en mi cabeza, y no soy una incomprendida sino que simplemente no me entiendo a mí misma, ¿debería haber una cura para ello?
Últimamente tengo muy mala suerte. Hay gente que dice que solo está en mi cabeza. A veces pienso que son solo más pruebas, solo para llegar a ver mis capacidades y mi aguante. Pero en ocasiones solo parecen empujones hacia el vacío. Tal vez debería aprender de ello fijándome en las cosas buenas en vez de las malas, pero ¿cómo voy a hacerlo si no puedo con lo bueno? En mi vida, o en mi mundo, es más fácil dejarme caer a mí misma ante lo malo. Lo bueno no hace más que llevarme a tomar o a proponerme a mí misma malas decisiones.
Hubo una época en la que creí haber hallado la fórmula de la felicidad. Tuve trabajo, buenas relaciones en él y muy buenxs amigxs. Todo me vino de golpe, tras sobrevivir una vez a esa soga (la cual fue casi una decisión definitiva, pues tambaleé la silla que me sostenía pero terminé pidiendo ayuda o simplemente comprensión, y pude soltarme justo a tiempo). Pero a eso fue tras varios meses casi sin comer, seguido de una notable pérdida de peso gracias a la cual pude sentirme bien, segura e incluso bella. Aunque en el fondo sabía que no era correcto ni sano verme bien de esa forma, pues a veces me parecía enfermizo a mí misma, logré estar bien conmigo misma temporalmente. Y ese fue el ingrediente definitivo para dicha fórmula. Ahora no logro estar bien con ninguna de las variables puesto que me falta eso.
Pero, ¿el simple hecho de no verme bien a mí misma es lo que me hace permanecer en el borde del abismo con un pie en el vacío? ¿O sólo es una excusa para tal depresión e inseguridad? Es una obsesión, y muy poco sana, eso lo sé. Es posible que la fórmula no funcione sin ese único ingrediente, pero eso no debería significar ni dictar dicha diferencia.
Aunque la amistad sea lo mejor de mi vida en este momento, y me aferre a ella con todas mis fuerzas, soy incapaz de sobrevivir fácilmente.
Cada nuevo reto supone demasiado esfuerzo. Siempre resulta ser una nueva prueba de vida o muerte, y ya he pasado por demasiadas. Seguiré luchando por vivir porque no me queda otra. Y rendirme no es una opción. Pero, ¿a qué precio?
La única buena decisión que he tomado hasta ahora, que me haya dado más tiempo para seguir adelante, ha sido dejar curar mis heridas y no permitirme a mí misma volver a recurrir a ellas físicamente. Eran de gran ayuda, pero a la vez no. De hecho, ellas me conducían al peligro y a la locura, aunque nunca lo he visto así realmente. Solo eran una manera de mantenerme en vida y alargar y aumentar el esfuerzo y el coraje. Pero no era sano, pues me impedían alcanzar la cordura y la salud mental. Y eso que nunca he pertenecido a la cordura. Siempre he ido de la mano con la locura, lo único fiel a mi mente hasta ahora. Por suerte, eso ha dejado de ser una opción para mí. De hecho dejó de serla en cuando encontré tal fórmula. A veces lo añoro, pero no lo necesito. Supongo que eso está bien y que es un gran paso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario